La edad es el primer filtro que usa mucha gente para pensar si puede o no operarse los ojos. "Tengo 19 años, ¿es pronto?". "Tengo 58, ¿es tarde?". La realidad es que la edad, por sí sola, importa mucho menos de lo que se piensa. Lo que realmente decide si alguien es candidato a cirugía refractiva es la estabilidad de la graduación y la salud del ojo.
¿Por qué se habla de 18-20 años como mínimo?
La recomendación orientativa de esperar hasta los 18-20 años no viene de ninguna ley biológica concreta. Viene de que antes de esa edad la miopía suele estar aún en fase de progresión. Si se opera alguien cuya graduación sigue aumentando, el resultado será impreciso o la miopía volverá a avanzar.
Por eso lo que miramos no es el DNI sino la historia clínica: ¿cuánta graduación tenía hace dos años? ¿Y hace uno? Si la graduación lleva dos años sin cambiar, sea cual sea la edad, la situación es mucho más favorable para intervenir.
¿Y si la miopía progresa pasados los 20?
Ocurre. Hay personas cuya miopía sigue aumentando hasta los 25, 28 o incluso 30 años. No es infrecuente. En esos casos se recomienda esperar a que se estabilice antes de operar. Operar con miopía inestable no es imposible, pero el riesgo de regresión parcial es mayor.
¿Existe un límite de edad máxima para operarse?
No existe un tope de edad para la cirugía refractiva. Sin embargo, a partir de los 45-50 años hay que tener en cuenta la presbicia (vista cansada). Si se opera la miopía y se consigue visión perfecta de lejos, el paciente dejará de ver bien de cerca sin gafas —algo que antes, con miopía, hacía sin problema.
En estos casos, hay que plantear si se desea corregir solo de lejos (y aceptar gafas de lectura) o si se prefiere una solución que cubra todas las distancias, como las lentes trifocales o la monovisión.
¿Qué pasa con los mayores de 60 años?
A partir de los 60 años, la opción más frecuente no es el láser sino el cambio de cristalino por una lente intraocular premium. Si además hay catarata, la cirugía es doblemente beneficiosa: elimina la opacidad y corrige la graduación al mismo tiempo. Es una de las intervenciones con mayor impacto en calidad de vida que realizamos.
Conclusión
No deje que la edad le frene en exceso. Si tiene 20 años y su miopía lleva dos años estable, probablemente sea candidato. Si tiene 55 y sigue queriendo no depender de gafas, hay soluciones adaptadas a su momento vital. Lo importante es consultar y recibir una valoración honesta, no una respuesta automática basada solo en su edad.
